viernes, 16 de diciembre de 2011

Joder a Cuba: la pesadilla de la ultraderecha cubanoamericana de Miami


Los “demócratas intransigentes” que forman el núcleo de la ultraderecha anticubana de Miami han logrado desarrollar la cultura del NO para referirse a todo lo que acerque solidaridad con Cuba, la verdadera y auténtica isla que reposa en el Mar Caribe. Basta que alguien piense en cómo contribuir o mejorar la existencia de los once millones de cubanos que viven y se renuevan por si solos, para que desde las cavernas del extremismo, se escuchen los gritos enardecidos de quienes añoran ver desgracias y sufrimientos, 90 millas al sur de La Florida.
Los microfoneros de la radio miamense no paran de instigar odio y remordimientos, no solo contra el gobierno de La Habana, sino contra los propios emigrados, a quienes critican ácidamente y acusan de traidores por no incorporarse a las pautas del autotitulado “exilio histórico”.
Para lograr que el castigo sea efectivo a quienes no siguen los tambores bélicos, -guerra que debe hacer otro y no los “históricos”- se apoyan fundamentalmente en el sexteto cubanoamericano que integran Mario Díaz-Balart, David Rivera, Albio Siles e Ileana Ros-Lethinen, -representantes en el Congreso- y Bob Menéndez y Marcos Rubio en el Senado, quienes no esconden cuáles son sus verdaderas intenciones para con el futuro del pueblo de la isla.
Lo de estos señores es joder. Simplemente joder a Cuba. Veamos solo algunos ejemplos recientes de sus “acciones democráticas a favor de la libertad”.
La congresista republicana de origen cubano Ileana Ros-Lethinen encabezó la cruzada contra cualquier intento de exploración y extracción de petróleo en aguas isleñas, e intentó torpedear los planes de Repsol enviando una carta al presidente de la petrolera en la que amenazó con demandas civiles y criminales en tribunales estadounidenses.
Aunque el “argumento” de los ataques de la Ros-Lethinen está en la supuesta protección de las costas norteamericanas ante un posible derrame petrolero, su verdadera intención es evitar a toda costa que la economía cubana disponga de reservas de crudo que se estiman en unos 4.600 millones de barriles, 280 mil millones de metros cuadrados de gas natural y 900 millones de barriles de gas natural líquido.
Pero la maquinaria feroz no está dirigida únicamente contra Cuba, su gobierno y al pueblo que se resiste a recibir órdenes foráneas. Los “radicales” de ultraderecha usan sus “poderes” políticos y atacan despiadadamente a los propios emigrados, aún mayoría, que tampoco se incorporan al carro del anticastrismo visceral y trasnochado que mantiene y sustenta la industria de la contrarrevolución.
El otro sable ardiente de la cruzada anticubana que no tiene piedad ni siquiera con sus coterráneos, es el también republicano Mario Díaz-Balart, quien en julio presentó una enmienda a la ley de presupuesto del 2012, que imponía regresar a las medidas restrictivas de viajes a Cuba y la limitación de las remesas familiares que se envían a la Isla. Este intento, recién fue derrotado ante la negativa del presidente norteamericano Barack Obama de firmar la ley con esa añadidura.
David Rivera, el más controversial de esta triada, le da lo mismo pedir que le suspendan la ayuda gubernamental a los ancianos que viajen a Cuba, o que se aplique la Ley de Ajuste Cubano con la nueva fórmula que los recién llegados de la Isla no podrán regresar de visita hasta cinco años después. Lo de este “señor” es separar más a la familia cubana. No lo dude.
Estas medidas que pretenden aplicar los “representantes del pueblo”, van en sintonía contraria a los verdaderos deseos de una buen parte de la emigración cubana en Estados Unidos, que solo en 2011 realizó más de 400 mil visitas a la Isla, pero en su afán de seguir sacándole dinero a los contribuyentes para mantener las campañas de descrédito contra Cuba, son capaces de tan deleznables acciones.
Y todos juntos, desde su bancada parlamentaria, apoyaron se eliminara una enmienda promovida por la legisladora republicana Jo Ann Emerson, que pedía flexibilizar los pagos de Cuba a productos norteamericanos, que hoy deben hacerse en efectivo y por adelantado, apoyada en una enmienda del Congreso de Estados Unidos que aprobó la venta de alimentos a Cuba como excepción, tras el impacto causado por huracanes en la isla en 2001.
En Miami lo importante es joder, lo mismo a los cubanos de la Isla que a los emigrados que están hartos del jueguito politiquero de los “exiliados”. Ya veremos en el futuro, si esos mismos emigrados, cansados de tanta manipulación, le cobran a sus verdugos las deudas pendientes en las próximas elecciones.