miércoles, 7 de diciembre de 2011

La aventurera provocación de la Flotilla Democracia en las costas cubanas


El próximo viernes 9, Ramón Saúl Sánchez comenzará su nuevo show mediático frente a las costas cubanas, al frente de varias embarcaciones pertenecientes al Movimiento Democracia, quienes volverán, después de algunos años de ausencia en el escenario politiquero de los cubanos de Miami –los de la extrema derecha, vale aclarar- a provocar tensiones y poner en situación de crisis una vez más, las deterioradas relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.
Esta vez Ramón Saúl va más lejos. Pretende, con su acto de irresponsable provocación, subvertir el orden dentro de la isla y que su acción en altamar, sea secundada con un supuesto levantamiento popular dentro de Cuba. Pero en fin, tanto va el cántaro a la fuente….
La parafernalia mediática incluye noches iluminadas con fuegos artificiales de gran potencia, los que según las autoridades cubanas, pondrán en peligro la navegación aérea sobre esa zona que estará erizada, nadie lo dude, de naves de mar y aire, artilladas hasta el tuétano, de las dos naciones que no tienen relaciones diplomáticas desde hace medio siglo.
Lo insólito en todo esto, es que esta provocadora acción contra la soberanía de un país vecino, sea amigo o no, cuenta con la anuencia y el beneplácito de la administración del Presidente norteamericano Barack Obama, quien ha dado luz verde a una aventura de imprevisibles consecuencias. Y digo insólito, porque el mismísimo George W. Bush y su antecesor Bill Clinton, le cerraron el paso al “líder” del yate Democracia, ante sus trasnochadas intenciones de irse a navegar hasta las doce millas de las costas cubanas.
Ramón Saúl y sus acólitos estaban faltos de un escenario que los lanzara contra las pantallas de los televisores en Miami, donde saben que recibirán el aplauso de quienes llevan más de cincuenta años esperando plácidamente que alguien les haga el favor de “resolver” el problema cubano. En el ocaso de la vida de muchos de estos “patriotas”, ya les da lo mismo que sean los marines de la 82 División, los mercenarios de Eritrea, los aviones de la OTAN o los “disidentes” que le hacen la tarea dentro de una isla que no asimila contubernios con terceros.
El avance de la flotilla Democracia y su fiesta de fuegos artificiales dirigidos hacia las costas cubanas–eso es lo único que han dicho públicamente que llevarán- puede desencadenar una crisis, porque tampoco es secreto que el gobierno de la isla no permitirá que sus aguas sean violadas. Cuba defenderá su espacio marítimo, incluso cuando está consciente que es parte de la provocación, que se produzca un desenlace violento.
No imagino ver una flotilla de barcos iraníes frente a las costas de Estados Unidos iluminando la noche con petardos coloridos. No concibo a los pakistaníes pidiendo en la frontera con India que los hindúes se sumen a la desobediencia civil, y ni siquiera pienso que pasaría si un grupo de palestinos proclama en Jerusalén el derecho a sus paisanos a rebelarse contra los soldados de ocupación. En cualquiera de los casos la represión por parte del “ofendido” no demoraría y los cintillos en los grandes periódicos justificarían el derecho a la defensa territorial.
Pero a Cuba hay que satanizarla y eso lo sabe muy bien Ramón Saúl. Poco importa que en medio de una refriega en altamar mueran tres o cuatro vejetes, si al final, el propósito de condenar a los cubanos de la Isla sería un hecho.
Ramón Saúl tiene alma de “capitán Cebollita”, aquel juego de niños donde uno manda a que los otros hagan. Así que no le temblará la mano en sacrificar a tantos ingenuos como sean necesarios en pos de sus propósitos. Ya su viejo amigo José Basulto le demostró cómo se hace, cuando mandó a una muerte segura a los cuatro pilotos de Hermanos al Rescate, en 1996, mientras el miraba desde la retaguardia y los “periodistas” que le acompañaban narraban los acontecimientos.
Es una ironía como se tratan estos acontecimientos. La flotilla Democracia que irá hasta el límite de las aguas jurisdiccionales cubanas, con la intención de provocar desórdenes dentro de la Isla, se trata de legitimar por los medios de comunicación que esperan hacer el cierre de tirada con una nota sensacional, los mismos medios que poco hablaron de la flotilla Libertad, atacada salvajemente por tropas israelíes hace 18 meses, y que procuraba llevar alimentos y ayuda a los palestinos encerrados en la Franja de Gaza.
Ramón Saúl Sánchez necesita protagonismo. Nadie lo duda. Necesita “lavar” la imagen que de él venden sus correligionarios en las huestes anticastristas de Miami, que lo mismo le llaman “Florecita” o el “Almirante de la Mar Océana”. Esos mismos que no sienten respeto por ninguna de sus acciones, pero que lo usan en interés de sus propósitos.
Solo resta esperar. Mi abuela siempre repetía: “juega con la cadena, pero no con el mono”, porque Ramón Saúl y sus navegantes “democráticos”, bien pueden salir trastabillados en su aventurera travesía.