domingo, 25 de diciembre de 2011

Serapio se fue con sus maracas al Cielo

El autor de este blog junto a Serapio (Sancti Spíritus 2010)
Acabo de enterarme este domingo de la muerte de Serapio, un ícono de la cultura popular de la región de Sancti Spíritus, que se inmortalizó con esa frase musical que todos los cubanos repiten a golpe de maraca y tumbadora: "Si tú pasas por mi casa / y si ves a mi mujer / tú le dices  que hoy no me espere/ que yo con Pueblo Nuevo/ me voy echando un pie."
Un día, en el verano del 2010, desandando las calles espirituanas, un buen colega y amigo me propuso conocer al humilde compositor, y nos fuimos hasta el parque Serafín Sánchez, en el corazón de la villa.
Allí estaba Gerardo Echemendía Madrigal, con sus inseparables maracas bajo el brazo, a solo unos metros de la estatua que a él dedicó en vida el artista plástico Félix Madrigal. Cuando al fin nos presentaron, me estrechó la mano y con un contundente: “Mucho gusto, Serapio para servirle”, el ilustre músico popular me dio la bienvenida.
De él supe que una tarde de 1944, estando en la fonda de La Gran China, mientras se celebraban las fiestas del Santiago, entre el bullicio de comensales y bebedores arremolinados en torno a la barra con olor a ron y aguardiente, alguien, a punto de despedirse le dijo a un amigo: ¡Oye, si tú pasas por mi casa, dile a mi mujer que no me espere!
Aquella frase llegó a los oídos de Serapio y comenzó a tomar forma musical. El tatareo de un nuevo pasacalles en los labios del joven llamó la atención de la concurrencia y a golpe de clave cubana marcada sobre el cristal de una botella y la barra del bar sirviendo como improvisada tumbadora, Serapio cantaba, sin saber que nacía uno de los más famosos estribillos cubanos aquello de: “Si tú pasas por mi casa y si ves a mi mujer, tú le dices que hoy no me espere, que yo con Pueblo Nuevo me voy a echar un pie.”
Esa misma noche, la rumba pasó de boca en boca, fue aprendida, y cantada como si la hubiesen conocido desde hace tiempo. Y la cantaron no sólo los comparseros de Pueblo Nuevo, sino también los integrantes de otras comparsas. La cantó la ciudad, con los piquetes que se fueron a los barrios, a recorrer con los cueros percutidos toda la inquietud de la noche, ávida de retar la presencia húmeda de la madrugada, sobresaltada por el fervor del Santiago que se desparramaba por las caderas enajenadas.
Y con el tiempo, la cantó toda Cuba.
Murió Gerardo Echemendía Madrigal, a quien todos conocían como Serapio y con su muerte, la cultura cubana enlutece y la música espirituana pierde a uno de sus mejores hijos. Pero allí está, por las eternidades, en un iluminado rincón de la plaza, donde su pueblo le rendirá merecido tributo.