viernes, 25 de mayo de 2012

Estados Unidos: Un “paraíso” de violencia contra la infancia


Por Miguel Fernández Martínez *

   Ya no sorprende en Estados Unidos escuchar noticias que involucren a niños con historias de violencia, sexo, maltratos y abandono en las instalaciones del sistema escolar, una situación que se torna cada vez más grave.
   A pesar del largo historial que acumula la nación norteña de vejaciones a los derechos y a la seguridad de los menores de edad, sus líderes no se adscriben a la Convención de los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989.
   Ni siquiera el recuerdo de la masacre en la escuela secundaria Columbine, el 20 de abril de 1999 y que provocó una gran polémica en Estados Unidos acerca de la seguridad de los niños en las escuelas, detiene la indolencia, la irresponsabilidad y el abandono a que se exponen los infantes cuando salen de sus casas.
   En Columbine, una escuela del estado de Colorado, murieron bajo las balas 15 niños y 24 resultaron heridos, considerada como la tercera matanza escolar más terrible en la historia norteamericana, después de la ocurrida en la escuela Bath, de Michigan, en 1927, donde 45 menores perdieron la vida y 58 quedaron heridos, y el tiroteo que dejó 14 muertos y 32 lesionados en la Universidad de Texas, en 1966.
   La lista de niños muertos en las escuelas norteamericanas como consecuencia de la violencia sería enorme si se hiciera una cronología de este fenómeno, que estremece la conciencia humana en pleno siglo XXI.

   En el país que se autoproclama como "paladín de los derechos humanos", no existe la más mínima seguridad para sus niños, expuestos a una zona perturbada de la sociedad por la influencia de la violencia en los medios de divulgación, el uso indiscriminado de las armas de fuego, el abuso ilegal de las drogas y una agresividad explícita en las relaciones entre colegiales y educadores.
   Muchos coinciden en que Estados Unidos es líder mundial de violencia en las escuelas. Un estudio federal realizado en 2008 arrojó que casi nueve de cada 10 escuelas públicas reportaron al menos un incidente violento y más de la mitad de ellas tuvieron un mínimo de 20.
   Según ese informe emitido por el propio gobierno estadounidense, un millón 700 mil niños estuvieron en algún momento bajo amenaza de muerte en el curso académico analizado.
   Solo entre 2008 y 2009 se reportaron cinco mil 574 niños y adolescentes muertos como consecuencia del uso de armas de fuego, una cifra que supera incluso la cantidad de bajas militares en recientes conflictos armados.
   Pero la violencia va mucho más allá de las agresiones y la muerte, principalmente a manos de los propios educadores, involucrados en terribles episodios de abusos físicos, sexuales y psicológicos contra los menores.
   Recientemente se conoció que Jacob Amatuccio, un niño parapléjico de 14 años con necesidades especiales, alumno de la Escuela Secundaria Hudson, en Carolina del Norte, era obligado por su maestro a pasar horas encerrado en una caja de cartón, como forma de "disciplinarlo".
   Laurie Bailey-Cutkomp, profesora de la ciudad de Zephyrhills, en Florida, fue acusada de colocar collares de perros a sus alumnos por infracciones menores como beber refrescos en clase; y en Los Ángeles, California, un maestro de la escuela primaria Gratts resultó arrestado bajo la acusación de cometer actos lascivos contra un niño menor de 14 años.
   En la escuela primaria Miramonte, que está bajo una demanda legal interpuesta por 20 exalumnos que alegan ser víctimas de abusos sexuales, el maestro Mark Berndt, de 61 años, fue acusado de cometer presuntos actos lascivos contra 23 alumnos.
   Martin Bernard Springer, profesor de esta misma escuela, en libertad después de pagar una fianza de 300 mil dólares, enfrenta cargos por acariciar indebidamente a una niña.
   Destaca además el caso de la escuela intermedia Arlie F. Hutchinson, en el Distrito Escolar Norwalk-La Mirada, donde el maestro Taylor Welch, de 22 años, en libertad bajo fianza después de pagar 140 mil dólares, fue acusado de intercambiar imágenes sexuales con una estudiante de 13 años.
   En el Distrito Escolar Unificado de El Rancho, en la ciudad de Pico Rivera, al sureste de Los Ángeles, el jardinero de una escuela, Jorge Álvarez, de 44 años, enfrenta 10 cargos de abuso sexual infantil en contra de dos niñas, una de cinco y otra de 12 años, a quienes presuntamente atacó en la década de 1990.
   Todavía está fresco el caso del joven autista de 18 años André McCollins, alumno de un colegio para niños con necesidades especiales en Rotenberg, Boston, que el 25 de octubre de 2002, por negarse a quitarse el abrigo, fue sometido durante siete horas a torturas y vejaciones de sus profesores, quienes llegaron a propinarle 31 descargas eléctricas, las cuales le provocaron un estado comatoso por tres días.
   Estos casos descritos demuestran una cruel realidad que pone en peligro la supervivencia de los niños y adolescentes en una sociedad primermundista, donde se privilegian las ganancias de los vendedores de armas y se amparan los traficantes de drogas, por encima de los derechos vitales de la infancia.
   Llama la atención la irónica dicotomía que se vive en Estados Unidos, donde se prohíbe a los menores de 18 años comprar cigarrillos y bebidas alcohólicas, y a la vez se les envía a combatir en cuanta guerra se inventen los jerarcas del Pentágono.
   Según un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), Cuba es ejemplo de cómo un estado puede proteger su niñez, aún cuando está bloqueada económica, comercial y financieramente por los mismos que no son capaces de cuidar la suya.
   El documento de UNICEF reconoce que no es cubano ninguno de los casi nueve millones de niños que mueren anualmente por causas evitables, y tampoco vive en la isla caribeña ni uno solo de los 126 millones de menores sometidos al trabajo infantil en el mundo.
   Las escuelas de la Mayor de las Antillas, aun cuando están marcadas por las limitaciones tecnológicas de un sistema educacional que no logra alcanzar todas sus metas como resultado del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, son lugares seguros donde los niños y jóvenes hacen realidad la máxima martiana que asegura que “una escuela es una fragua de espíritus”.

*Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina

Tomado del sitio digital de Prensa Latina