lunes, 4 de febrero de 2013

Tony el fotógrafo, mi amigo diputado


Diputado Tony Hernández Mena 
foto: Oriol de la Cruz/AIN
Por Miguel Fernández Martínez

   Me costó encontrar su ficha biográfica en los días que se anunciaba la propuesta de candidatos al parlamento cubano, pues aún viendo su foto, no me acostumbrada a reconocer a Antonio Rolando Hernández Mena, quien para mi era simplemente, Tony el fotógrafo.
   Ya sabía que había resultado electo como delegado del Poder Popular de una circunscripción en La Habana Vieja, donde vive con Ligia, su esposa, en un modesto apartamento en un piso de vecindad, en la emblemática Plaza de la Catedral habanera.
   Desde ese rincón histórico, Tony inicia cada día su permanente recorrido detrás de las imágenes, cámara en mano, y que termina tras las computadoras de la Agencia de Información Nacional (AIN), desde donde trabaja como cualquier cubano de a pie.
   Tomador de café empedernido, fumador y jaranero, Tony siempre tiene una sonrisa para sus amigos, una frase servicial, y sobre todo, la disposición perpetua de defender las cosas en las que cree.
   “No esperaba que mis vecinos me eligieran como delegado de base del Poder Popular, fue algo que me sorprendió, tanto a mi como a mi esposa, no tenía la menor idea de que la población se fijara en mi, y aunque todos los vecinos se llevan bien conmigo, no pensé nunca que depositaran su confianza de esta manera”, me dice, mientras conversamos sobre el futuro.

   “En lo adelante cumpliré esta nueva tarea, con el único compromiso que tengo que es con el pueblo y con la Revolución”, agregó. 
   Mientras colgaba su inseparable cámara fotográfica al hombro, me comenta que ha visitado el Palacio de Convenciones en funciones de trabajo, pero que nunca soñó con verse sentado en una de esas butacas, formando parte del Parlamento.
   “Por mi cabeza jamás pasó que pudiera tener tan alto mérito”, afirma con sencillez.
   Las elecciones de este domingo 3 de febrero removieron demasiadas memorias en Tony, quien no puede desprenderse de su origen, a pesar de los nuevos retos.
   Aún se le enredan las palabras a este habanero nacido en el Hospital Salvador Allende, en la barriada del Cerro, cuando recuerda que a los 9 años su familia decidió enviarlo a vivir a una finca en Manacas, provincia Villa Clara.
   “Como era un niño travieso y mi mamá estaba enferma, me mandaron a vivir con mis tíos a la finca el Bagá, un espacio campestre de una caballería de tierra propiedad de la familia”, cuenta mientras juguetea con la cámara que le cuelga del brazo.
   Rememora que este cambio se convirtió en una fuerte experiencia, pues de su modo de vida capitalino, pasó a vivir en un lugar donde no había servicio eléctrico, ni modernidades, ni calles de asfalto, ni las comodidades de la ciudad.
   “Allí aprendí a trabajar –dice-. Cuando terminaba de estudiar tenía que incorporarme al trabajo, sembrar el pedazo de tierra y aunque fiestara en la noche, me levantaban a las cuatro de la madrugada a ordeñar las vacas”.
   “Fue lo mejor que me pudo pasar. En ese pedazo de campo cubano aprendí lo que soy hoy, y si volviera a nacer, -se le humedecen los ojos-, quisiera que sea en ese mismo lugar”.
   Tony cuenta que a  los 21 años regresó a La Habana y estudió aviación en la Base de San Julián y en San Nicolás de Bari, donde se convirtió en piloto-instructor de planeadores,hasta que llegó el período especial a fines de la década de 1980 y su vida dio un vuelco profesional.
   “Mi padre me propuso que aprovechara el tiempo en estudiar y me presenté a una convocatoria para estudiar periodismo, y de paso comencé a trabajar en el laboratorio fotográfico del periódico Trabajadores. “Yo empecé en la prensa cubana desde abajo, estudiando y trabajando y trabajando en un cuarto oscuro”.
   Ya graduado como periodista, se trasladó al periódico El Habanero hasta que se desintegró con la creación de las nuevas provincias de Mayabeque y Artemisa, y pasó a trabajar a la AIN.
   En la AIN Tony hace de todo. Editor en el departamento de fotografía, fotoreportero en importantes coberturas periodísticas, pero donde más realizado se siente es cuando detrás de la computadora, roba minutos a su tiempo para participar en las redes sociales, un espacio que le sirve como trinchera para defender la Revolución de sus enemigos de clase.
   “Hoy la Revolución hay que defenderla en todos los espacios, lo mismo con un fusil que en las redes digitales”, afirma.
   Finalizadas las elecciones, aún Tony no cree que por voto popular representará a sus vecinos en la Asamblea Nacional del Poder Popular cubano, aunque está conciente que los retos serán diferentes en lo adelante.
   “Ahora me debo a mi gente, a los que confiaron en mi, y me toca atender sus problemas, escuchar sus reclamos, porque al final ellos son la razón de ser de esta tarea, y junto a ellos, combatir todo lo que está mal hecho y todas las acciones negativas, porque si no ayudamos al pueblo a resolver sus problemas, estamos perdidos”, afirma enérgico.
   “La Revolución no tiene sentido si no enfrentamos con valor y responsabilidad los verdaderos problemas del pueblo, y eso es lo que me toca”.
   Le llamo la atención que en lo adelante, todos comenzarán a identificarlo como Tony, el diputado, a lo que responde enérgico que esta nueva tarea no variará nada en el plano personal ni en sus relaciones con compañeros, amigos y vecinos.
   “Eso no cambiará en nada, el único cambio será en más responsabilidad, pero al final, seguiré siendo el mismo de siempre: Tony, el fotógrafo.