jueves, 12 de junio de 2014

1964: Comienza el fin del bandidismo en Cuba

Por Pedro Etcheverry Vázquez*

   A principios de 1964 todavía la Agencia Central de Inteligencia albergaba las esperanzas de reorganizar en Cuba un movimiento contrarrevolucionario a nivel nacional, que incluía la ejecución de sabotajes y crímenes dirigidos a debilitar la economía agrícola y fomentar un clima de terror, que disminuyera el apoyo del pueblo a la Revolución, y creara las condiciones para desencadenar una intervención militar.
   Las bandas terroristas de alzados, uno de los factores que en otras circunstancias habían utilizado para apoyar sus planes subversivos, se encontraban en franca decadencia, como consecuencia de las operaciones de los batallones de Lucha Contra Bandidos (LCB) y la labor de los Órganos de la Seguridad del Estado, los cuales en todo momento contaron con el apoyo del campesinado.
   El 4 de febrero fue capturada la banda de Maro Borges, mediante un trabajo de contrainteligencia denominado Operación Trasbordo, en el que desempeñó un papel determinante el agente de la Seguridad del Estado, Alberto Delgado.
   Por otra parte, continuaron los crímenes terroristas: la banda de Gusberto Guerra Hernández asesinó, el 12 de febrero, al joven de 22 años Ramiro Guerra, en la granja del pueblo Hermanos Mayo (barrio Curana, Las Tunas).

   A pesar de la difícil situación de los bandidos, un memorando del Jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos, fechado el 25 de marzo, reflejaba otros intentos de fortalecer la guerra irregular, al convocar nuevas infiltraciones por vía marítima en apoyo a los alzados, y proponer el 15 de julio para el inicio de operaciones convencionales con fuerzas estadounidenses. 

Operaciones de inteligencia neutralizan bandas
Julio Emilio Carretero
   El 28 de marzo, en Las Villas, fue capturada sin disparar un tiro la banda del antiguo policía batistiano Julio Emilio Carretero, mediante la continuación de la Operación Trasbordo. Bajo las órdenes de este individuo se habían ejecutado 27 crímenes.
   A partir de la experiencia anterior, en el territorio yumurino comenzó a desarrollarse la Operación Exterminio, bajo el mando del comandante Gustavo Machín Hoed de Beche, jefe del Cuerpo de Ejército de Matanzas (luego internacionalista con el Che en Bolivia) y el capitán Luis Rodríguez Hernández, del Buró de Bandas.
   La operación consistía en penetrar con Manuel Viera Rodríguez (el agente Maño) a los contactos de los bandidos que quedaban en la provincia, y hacerles saber que podían ser sacados del país por vía marítima, con la condición de recibir entrenamiento y regresar a continuar sus actividades subversivas cuando las circunstancias lo aconsejaran.
   Eran recogidos en Punta Cuchillos, en la bahía de Cárdenas, por una supuesta lancha de la CIA tripulada por los combatientes de la Seguridad Santiago Gutiérrez Oceguera (Sergio) y Ramón de Jesús Arrechea Zayas (Ramonín) y dos soldados de las Tropas Guardafronteras, quienes los conducían hasta un buque de la Marina de Guerra Revolucionaria previamente acondicionado como si fuera una embarcación norteamericana, donde un grupo de combatientes los detenían. Así fueron capturados más de 25 alzados y tres bandas.
   Con la captura de Carretero, el cabecilla que le seguía en jerarquía era José León Jiménez (Cheíto), quien quedó al frente de la contrarrevolución en el Escambray, pero sin ninguna posibilidad de ejercer el mando, porque las pocas bandas que conservaban su estructura se encontraban dispersas y con escasas condiciones para comunicarse entre sí.
Alberto Delgado, agente de la Seguridad del Estado
   En la madrugada del 29 de abril Cheíto León y sus colaboradores asesinaron a Alberto Delgado, sin que pudieran arrancarle información sobre su actividad encubierta.
   A partir de ese momento, los asesinos se vieron sometidos a una intensa persecución por las fuerzas de LCB. Al día siguiente, Cirilo Rodríguez Espinosa (el agente Paco de la Seguridad del Estado) informó el lugar exacto donde se encontraban Rubén González León (El Cordobés) y sus secuaces, cuando se disponían a festejar con ron el reciente crimen.
   Inmediatamente se lanzó una operación militar en la finca El Clavel, barrio Táyaba, municipio de Trinidad, con un batallón de LCB bajo las órdenes del teniente José Luis López González. El cabecilla fue herido de extrema gravedad, a tal punto que llegó sin vida al hospital.
   Alrededor de las 8 y 30 de la noche del 6 de mayo, la banda de Mario Bravo Cervantes (El Barbero) colocó una emboscada en la finca Los Ramones, del barrio Bella Mota, en Sancti Spíritus, interceptó un vehículo y asesinó a sus tripulantes, los militantes del Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) Abel Roig Santos, de 24 años, y Servando Caraballé Abreu, de 25, causándole heridas graves al joven Lorenzo Hernández Brito, militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, todos del seccional Vegas-Perea, quienes se encontraban enfrascados en promover la batalla por alcanzar el sexto grado en el territorio.
   Los dos cadáveres fueron encontrados con señales de haber sido profanados y despojados de todas sus pertenencias. Al cabo de un mes y medio, fuerzas de LCB bajo el mando del comandante Lizardo Proenza Sánchez liquidaron esta banda en la Loma de Blanquizal, perteneciente al barrio de Mayajigua, en Yaguajay.

El final de Cheíto León
   El 8 de mayo, alrededor de las cinco de la mañana, la banda de Cheíto León se presentó
José "Cheito" León
en la finca Hoyo de Pilón, de la granja Manuel Piti Fajardo, en el municipio de Trinidad, y secuestró a tres trabajadores. Después soltó a dos, pero el tercero, Octavio Quesada Lorenzo, quedó retenido. Un grupo de milicianos salió en su persecución y logró alcanzarlos a un kilómetro del lugar, pero los bandidos no presentaron combate y escaparon.
   Los milicianos encontraron medicinas, piezas de las armas que los bandidos estaban limpiando, y el caballo con el paño de la montura utilizada por Quesada Lorenzo, quien fue asesinado en San Juan de Letrán el día 23.
   Dos días después, esta banda fue detectada por Salvador Bombino Rodríguez (el agente Bacán), en la finca Javira, en el Escambray. Inmediatamente fueron movilizadas fuerzas de un batallón de LCB bajo el mando del capitán Manuel Herrera Tito, que logró cercar a los bandidos mediante una operación muy rápida.
   Los hombres que acompañaban a Cheíto atacaron a los combatientes que avanzaban en el “peine”, pero el sargento Roberto Gallo Pérez se adelantó por el mismo lugar seleccionado por los alzados para huir, y, en medio de un intenso fuego de ambas partes, ripostó con una certera ráfaga de su FAL y dio muerte al cabecilla. Solo los hermanos Manzo Brizuela lograron escapar, pero serían capturados posteriormente.
víctimas del bandidismo en Cuba
   El 11 de mayo, en la zona de Santa Fe, barrio de Ángel Castillo, en Ciego de Ávila, mediante una operación dirigida por el comandante Víctor Dreke contra la banda de Estervino Gutiérrez Echemendía, seis bandidos resultaron muertos, y tres heridos.
   Ocho días después, cerca de las 11 de la noche, las bandas de Ventura Leonides Ramírez Samé y del excasquito batistiano Alfredo Espinosa Mendoza (Mamacusa) atacaron la tienda del pueblo de la localidad de Yao, en la zona de Buey Arriba, en la Sierra Maestra, donde se encontraban de guardia los milicianos Formelio Garlobo Montero y Florencio Pérez Carrillo, quienes, a pesar de la superioridad numérica de sus atacantes, ripostaron la agresión y lograron herir a uno de los cabecillas.
   Antes de abandonar el lugar, los bandidos se acercaron a donde se encontraba Garlobo Montero gravemente herido, le clavaron su propia bayoneta en el pecho y le dieron un tiro en la frente.
   A finales de mayo, al frente de varias compañías del Batallón 3278 y un grupo de combatientes de la Seguridad, el capitán Carlos Fernández Gondín dirigió una operación que concluyó con la captura de la banda de José Ávila Nápoles (Pepe Orencio), en un lugar conocido por Tomí (Holguín). Al amanecer del 10 de junio, Mamacusa fue herido por fuerzas de LCB, pero logró ocultarse en el cuartón Malo, en Bueycito.
   Ese mismo día, en el barrio de Caña Brava, en Buey Arriba, un grupo de alzados de esta banda asesinó al militante del PURS Alfredo Marrero Núñez. En las primeras horas de la mañana siguiente el cabecilla fue detectado por el Jefe de Orden Público, pero cuando el combatiente trató de detenerlo, el fugitivo abrió fuego y le causó la muerte. Unas horas después Mamacusa resultó muerto. Más tarde serían capturados sus compinches. En julio, durante otras operaciones de cerco y peine, fueron capturados decenas de bandidos.

Crítica situación del bandidismo
   En la medida en que los batallones de Lucha Contra Bandidos de las Fuerzas Armadas
milicias populares enfrentaron a las bandas mercenarias
Revolucionarias y el Buró de Bandas de la Seguridad del Estado actuaban de conjunto contra los alzados, estos grupos terroristas comenzaron a entrar en una crisis irreversible.
   Debido al desgaste físico y moral, y al sentirse abandonados a su suerte por los servicios de inteligencia norteamericanos –los cuales interrumpieron el envío de dinero y abastecimientos bélicos desde la Florida-, se  agudizaron sus contradicciones internas y los deseos de desertar de las bandas para huir del país.
   El 3 de agosto, en el garaje del intermitente de Guanabo, fue arrestado el cabecilla Valeriano Montenegro Rodríguez, junto con tres bandidos, cuando se disponía a realizar un contacto para escapar por la costa norte. Dos días después, en el barrio Pío Cervantes, en Jatibonico, el bandido Marcelo García Aragón intentó abandonar la banda para regresar junto a su familia, pero fue asesinado por el cabecilla Juan Alberto Martínez Andrade y sus hombres.
   Cuatro meses antes, el 2 de abril, en la finca San Felipe, cerca del río Hanábana, en Rodas, Las Villas, después de una fuerte discusión, había sido ultimado por sus propios partidarios el bandido José Ramón Castañeda Castellanos. Ese sería uno de los al menos 18 crímenes cometidos por los bandidos dentro de sus propias filas.
   En la Papelera Pulpa Cuba, en Trinidad, un grupo de alzados asesinó el 11 de agosto al obrero Jesús Pérez Rodríguez. Dos días después, en la zona de Dos Cruces, perteneciente a Corralillo, en Las Villas, varios terroristas contrarrevolucionarios asesinaron al campesino Santos Méndez Portillo. Este fue el último crimen de las bandas en todo el territorio nacional.
   Entretanto, la ofensiva revolucionaria continuó indetenible; en La Faldiguera, Baracoa (17 de agosto), resultó muerto el cabecilla José Gaspar Martínez Quiroga, El Jabao, que en junio se había infiltrado por Cayo Los Chinos para abrir un foco de alzados. El 4 de septiembre resultó muerto en un cerco el cabecilla Benito Campos Pírez, en Palmillas, Colón, Matanzas.
   En el Escambray quedaban la banda de Blas Tardío Hernández, el pequeño grupo de Efraín Manzo Brizuela y los escurridizos Luis Santana Gallardo (Luis Vargas) y José Rebozo Febles.
   En la zona norte de Camagüey huían desesperados los contrarrevolucionarios Clemente Aragón Aragón (La Mula) y Manuel Moreno Martínez (Ninga), por la zona de Vicente, en Ciego de Ávila, y en otro grupo, el cabecilla Juan Alberto Martínez Andrade junto con los hermanos Rafael y Bartolo Labrada Martínez. Serían capturados al año siguiente.
   En La Habana se encontraba la banda de José Fernández Chávez; en Oriente, el grupo de Gusberto Guerra y algunos elementos aislados en Las Tunas, Palma Soriano, Cauto el Paso, Niquero y Sagua de Tánamo.
   La situación de los bandidos en todo el país era sumamente crítica. Sobre cómo se erradicó definitivamente el bandidismo, tratará un próximo trabajo.

* Pedro Etcheverry Vázquez  - Especialista del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado

Tomado del sitio digital de la revista Bohemia