domingo, 13 de julio de 2014

La gratitud de Johanna que se pregunta ¿cuánto cuesta una intervención quirúrgica en Cuba?



   En estos tiempos en que los “nuevos críticos” –dentro y fuera de la Isla- se dedican a buscar más allá de los innegables beneficios que brinda la Salud Pública cubana, no exenta de errores y necesidades, muchos de ellos provocados por carencias financieras, esas que provoca el criminal bloqueo económico y comercial que Estados Unidos impone a Cuba desde 1962, Cuba la Isla Infinita trae este testimonio de una joven periodista cubana de 26 años, publicado en su blog Mis razones de abril, que cuenta las experiencias que tuvo en un hospital cubano.
   Su madre, una mujer de pueblo, sin dineros ni influencias, fue la protagonista de esta experiencia única en sociedades, aunque imperfectas, pero donde hombres y mujeres son centro de la vida política y social de un proyecto político como la Revolución cubana.

El precio de una operación en Cuba
Por Johanna Pérez*

   Finalmente mi madre fue intervenida en el Centro Nacional de Cirugía de Mínimo Acceso en La Habana. Ella medio cobarde tenía un poco de nervios antes de entrar al salón. Pero -según me dijo cuando salió- la doctora Yuleidys le brindaba mucha confianza.
   Mi madre es muy miedosa para el médico, pero debía llegar hasta el final porque esos cuerpos extraños en su útero (los fibromas) hacían que mes tras mes su hemoglobina bajara y se sintiera débil, cansada, sin fuerzas para hacer… nada.
   Fue una operación sencilla, donde le extrajeron el útero y los fibromas. Mientras la acompañaba en la sala le hice varias preguntas por curiosa que soy porque nunca he entrado a un salón de operaciones.
-¿Estabas nerviosa mamá?
-Si mija, claro. Tú sabes que tu madre es poca cosa para los médicos, pero la doctora
Yuleidis y la anestesióloga me hicieron calmarme un poco. Allí en el salón me decían: “Arriba guajira que tienes que salir rápido para que festejes el 26 en Artemisa, los 26 de tu hija,y pa´ que los dolores esos que te acaban la vida todos los meses te los quites de arriba ya”.
- ¿Y todo eso era allí en el salón? ¿Todo eso mientras te ponían la anestesia?
- Si, si… Allí hablábamos de nuestros hijos, de nuestros trabajos, tú sabes conversaciones de mujeres hasta que me dormí… y desperté aquí, en esta sala, ya operada. La verdad Johanna que me he quedado sorprendida con la atención, las condiciones, la limpieza de este hospital, el trato de los médicos, la disciplina que vi aquí… la verdad, la verdad no tengo queja de nada.
   Y era cierto todo lo que dijo mi madre. Desde que llegue a relevar a mi hermano para quedarme junto a mi mamá lo pude percibir. El desprendimiento de esa doctora que solo había visto a mi madre par de veces en consulta, el buen trato, la preocupación de su caso me llamo a sobremanera la atención, porque aún hay quien dice que si no regalas algo bueno y caro… “nananina”.
   ¿Qué tenemos para regalar cuatro mujeres –contando mi hija- que vivimos solas en una casa y que no hacemos negocios porque vivimos de nuestras profesiones? Solo algún detalle y una infinita gratitud. A la doctora le pregunté cuánto podía costar una histerectomía en otro país porque esos temas siempre me han suscitado curiosidad.
   -El precio exacto está allá en el salón, lo tiene el jefe de sala. Pero sé que es caro. Nosotros hemos operado pacientes de Suiza, por ejemplo que han dicho puede costar hasta 25 mil francos suizos y cuando vienen a nuestro team, solo les sale a 2 mil euros. Y a tu mami le salió en par de viajes de Artemisa a La Habana y un obsequio que quiso darme por cabezona que es. Dijo sonriéndome la doctora.
   A las afueras del hospital, cuando ya el cansancio de una noche de cuidados me tenía al borde de la histeria porque no llegaba ningún transporte y no quería que mi mamá acabada de operar se subiera a un P-10 hasta Marianao, pensé en los desesperanzados que sí pagan una operación, sí pagan una consulta, y sí pagan la atención de un médico. Recordé entonces las palabras de la doctora y le dije a mi madre:
-Vámonos en un taxi. Vámonos cómodas. Al fin y al cabo… no pagamos nada por esto. Gastemos ahora lo que habíamos ahorrado para estos días.

*Tomado del blog Mis razones de abril, de la periodista cubana Johanna Pérez, una joven de 26 años graduada de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana