miércoles, 8 de octubre de 2014

Dámaso Berenguer: el cubano que gobernó en España



General Dámaso Berenguer y Fusté, un cubano que gobernó España
  En un artículo recién publicado en la prensa cubana y a la firma del periodista Ciro Bianchi, conocimos de una curiosidad histórica poco divulgada en estos tiempos, y que señalaba a un cubano nacido en San Juan de los Remedios –o simplemente Remedios-, en la central provincia de Villaclara, que llegó a convertirse en presidente del gobierno español.

   Dámaso Berenguer y Fusté, que así se llamaba el susodicho, nació el 4 de agosto de 1873, hijo de un español oriundo de Callosa de Ensarriá, en Alicante, y una habanera de nombre Dolores.

   Muy pronto el joven Dámaso se trasladó a España, para ingresar en la Academia General Militar. Ya graduado, regresó a Cuba en 1894 y se dedicó a combatir al ejército independentista que buscaba sacudir el coloniaje ibérico de la isla caribeña.

   Después de terminada la guerra en Cuba y con la retirada del ejército, Dámaso regresó a España y estuvo al servicio de la Capitanía General de Andalucía, ocupándose de la dirección de distintos regimientos.

   A partir de 1906 ejerció como profesor en la escuela de equitación y participó en la redacción de un reglamento de instrucción táctica, en el seno de la Comisión de Táctica.

   Cuenta Bianchi que, ya en España, la carrera militar de Berenguer estuvo vinculada estrechamente con la guerra de Marruecos, en la cual comenzó a participar en 1909.

   En 1911 se le encomendó la dirección de las fuerzas indígenas de Melilla, en las que realizó un profundo proceso de reorganización. En su puesto en el norte africano, intervino militarmente en numerosas ocasiones entre las que destacaron las del Monte Arruit, Taurit Narrich, y Beni Sidel, entre otras.

   En todos los combates pareció demostrar pericia y habilidad, por lo que le fue concedido el grado de coronel, además de numerosas condecoraciones honoríficas.

   Tres años más tarde, ya ostentaba los grados de general del ejército español.

   En noviembre de 1918 fue nombrado ministro de la Guerra, por el presidente del Gobierno liberal de Manuel García Prieto, cargo que volvió a desempeñar hasta enero de 1919 en el gabinete siguiente, encabezado por el también liberal Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.

   Abandonó ese Gobierno al ser designado en ese mes alto comisario de Marruecos (la más alta representación española en el Protectorado), obteniendo algunos éxitos iniciales, como la toma de Xauen en 1920, por lo que el rey Alfonso XIII le concedió el título de conde de Xauen.

   Fue cesado de sus funciones militares en Marruecos tras el llamado desastre de Annual, en julio de 1921, y afrontó las responsabilidades consiguientes.

   Apartado del Ejército, fue pronto rehabilitado, al comienzo de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, en 1923. Un año más tarde, pasó a la jefatura de la Casa Militar del rey Alfonso XIII, quien, el 30 de enero de 1930, tras la renuncia de Primo de Rivera y pese a la oposición de amplios sectores, le encargó in extremis la presidencia del Gobierno.

   El rey encarga al cubano Berenguer la formación de un gobierno y la normalización de la situación política alterada por seis años de dictadura. El 30 de enero se forma el nuevo gobierno en el que, además de la presidencia, asume también la cartera de Guerra.

   Las esperanzas puestas en este gobierno, para la vuelta a la normalidad constitucional, que popularmente sería conocido como la «dictablanda», se desmoronan en los partidarios de la república e incluso en los grupos monárquicos que fueron marginados por la dictadura.

   Ante la fuerte contestación social y política y la negativa coyuntura económica tuvo que abandonar la presidencia el 18 de febrero de 1931, después de actuar con dureza en la represión de la sublevación republicana que tuvo lugar especialmente en Jaca (Huesca) a finales de 1930.

   Sustituido por el almirante Juan Bautista Aznar, formó parte del Gobierno de este en calidad de ministro del Ejército.

   El advenimiento de la II República, el 14 de abril de 1931, significó el cese del gabinete monárquico y el inicio de un proceso judicial contra Berenguer por su actuación en los sucesos de Jaca, que lo llevó a prisión.

   Tras la instauración de la República, el general Berenguer fue procesado ante el Tribunal Supremo en 1932, siendo posteriormente amnistiado en 1934. Desde entonces permaneció apartado de la vida pública y su participación en el golpe de estado militar de julio de 1936 no fue relevante.

   Publicó un libro de memorias titulado De la Dictadura a la República (1946) y murió en Madrid en 1953, a los 80 años.